El día de la Resurrección, los discípulos estaban juntos en una casa, con las puertas cerradas porque tenían miedo. No sabían qué hacer ni qué iba a pasar.
De repente, Jesús apareció en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”. Al verlo, se llenaron de alegría. Ya no estaban solos: ¡Jesús estaba vivo!
Jesús les volvió a decir: “Paz a vosotros” y les dio una misión: así como el Padre lo había enviado, ahora ellos debían continuar su obra, llevando su amor al mundo.
Entonces hizo algo muy especial: sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. Con ese gesto, Jesús les regalaba su fuerza, su ayuda y su presencia dentro de ellos.
Desde ese momento, los discípulos dejaron de tener miedo y comenzaron a anunciar con valentía el amor de Dios, perdonando y haciendo el bien..